Mí colección

miércoles, 12 de marzo de 2014

¡Que chaleco!

Ayer, Cúcuta Deportivo ganó 2-0 al Real Santander en su casa y completó cuatro fechas consecutivas sumando de a tres puntos. Con la victoria, el equipo rojinegro se metió entre los ocho clasificados y ya ocupa la quinta posición del Torneo Postobón de ascenso con 13 puntos. 

Pero esto no fue lo que más me llamó la atención en el partido jugado en el General Santander. Todas las miradas, se las llevaron las camisetas con las que jugó el cuadro motilón, ya que se presentaron a la cancha con un uniforme nuevo pero sin ninguna marca patrocinadora. 

A pesar de que se dijo que Cúcuta estrenaría en la fecha tres, jugados ocho partidos el equipo sigue sin estrenar la camisa Macron. (Foto tomada de Internet). 

A pesar de que desde la fecha tres vienen diciendo que saldrá la camisa Macron, el club sigue esperando y luego de jugar unas fechas con una casaca provisional fabricada por Kiwi Sports, debieron presentarse con una camisa que parecía comprada en cualquier esquina del malecón o de la diagonal santander. 

Pero esto no sorprende. Para nada. Pues si tenemos en cuenta el folclor con que se maneja el tema de los uniformes en el fútbol profesional colombiano podemos concluir que esto es parte de la cotidianidad de un deporte desorganizado y mediocre. 

Casos como las camisas piratas con las que jugó Santa Fe en Tunja, los cambios frecuentes de número en los jugadores y equipos sin patrocinio, que juegan con la prenda que primero se les aparezca, son constantes en nuestro país. 

Uno de los casos más sonados con las camisas fue el día que Santa Fe jugó con una camisa pirata, con números hechos en marcador, en Tunja. (Foto tomada de internet).

Pero que se puede esperar si ni siquiera la selección Colombia, patrocinada por Adidas, un grande del deporte mundial, hace las cosas al derecho. Ya estamos cansados los colombianos de que la selección no use nombre en las camisetas. 

Al principio, recién llegó la marca alemana, se decía que era porque eran prendas provisionales. Luego, se dijo que en la eliminatoria no era obligatorio usar nombres por lo que sería con la llegada del Mundial que esto cambiaría. 

Pero ya empezaron los amistosos y esto sigue igual. Frente a Túnez, a pesar de que la 'tricolor' estrenó camiseta, con la fecha y el partido estampados en el frente de la prenda, los nombres de los jugadores no aparecieron y la falta de seriedad a pocos meses del mundial quedó en evidencia. 

A pocos meses del arranque del Mundial, la selección Colombia sigue jugando sin nombres en sus camisetas. (Foto tomada de Internet). 

Es cierto que la FIFA no obliga a usar nombres en partidos de este tipo. Pero pregunto, ¿cada cuánto vemos a un equipo de talla Mundial, como Brasil, Alemania, Inglaterra, Portugal o España, entre otros, jugar sin nombres en sus camisas?.

Este tipo de anécdotas, bochornosas y penosas, pues es lo que mostramos a nivel mundial, le quita seriedad a nuestro campeonato y a nuestra selección.

¿Están de acuerdo con esto o creen que en nada cambia el panorama al usar el uniforme completo como se hará en el Mundial y como se debe hacer en cualquier campeonato?. 

Recibo opiniones. 


jueves, 6 de marzo de 2014

El resultado me gustó

Por: Mauricio Jaramillo Mutis

Foto tomada de Internet

Luego de ver ayer a la selección Colombia, en el amistoso jugado en Barcelona, frente a Túnez, en el que la 'tricolor' no tuvo su mejor desempeño, debo decir que contrario al pensamiento de muchos a mí el resultado me encantó. 

Como todos los colombianos, quería una victoria, es obvio. Pero más allá de eso el resultado me pareció justo y, sobre todo, productivo para el equipo nacional. 

En medio de la frustración por el mal juego de los dirigidos por José Néstor Pékerman, recordé mucho la famosa frase de Francisco Maturana, por la que todavía hoy en día lo critican. "Perder es ganar un poco". 

En este caso no perdimos. Pero a decir verdad, para lo que esperábamos ver, fue como si hubiéramos caído derrotados por el rival africano al que ya superamos 1-0 en el Mundial de Francia 1998. 

Más allá de hacer comentarios del partido, hoy ya desactualizados pues ayer los leímos en todos lados, solo saco una conclusión. Conociendo la mentalidad del jugador colombiano, y del ciudadano del común, fue excelente no haber ganado. 

Lo digo porque, a pesar de que haber triunfado hubiera sido positivo, este es un llamado de atención para Pékerman y sus muchachos para que entiendan que la eliminatoria ya es cosa del pasado y que por haber sido uno de los mejores del continente y estar entre los diez mejores del mundo antes de la Copa del Mundo, no tenemos nada asegurado. 

Además siento que le viene muy bien al grupo para bajar un poco el triunfalismo y hacer un polo a tierra que les permita a los jugadores entender que ya nadie gana de camiseta y que el desempeño en los clubes, por muy brillante que sea, de nada sirve en la selección. 

Solo espero que este partido, mal jugado y con muchas dudas en defensa y en la zona de recuperación, deje buenas enseñanzas para que el equipo aterrice y entienda que nada de lo que ya pasó nos asegura nada en el mundial.

Las experiencias de USA 94, cuando nos sentíamos todos candidatos a llegar muy lejos, y la de Francia 98, en la que también creíamos tener un equipo para pelear al menos por los octavos de final, hablan por sí solas. 

¿O no?

miércoles, 5 de marzo de 2014

Homenaje de un seguidor del Real Madrid a Puyol

Por: Mauricio Jaramillo Mutis

Ayer, el eterno capitán de la selección española y del Barcelona anunció que a final de temporada dejará de ser jugador del equipo catalán. Esto, debido a que no se siente en condiciones físicas para estar al nivel de sus compañeros en uno de los mejores equipos del planeta. 

Con la noticia, el mundo del fútbol se sorprendió, no solo por lo raro que será ver al Barça sin el mítico 'Tarzan' Puyol, sino por la sinceridad del futbolista al reconocer que ya no es el mismo y que su cuerpo no da para estar en una Liga como la española. Esto, lo han hecho pocos. Más, teniendo un contrato multimillonario vigente con su actual club.

Aunque debo reconocer que soy un seguidor acérrimo del Real Madrid, desde el año 1997, creo que por más sentimientos y colores es imposible no reconocer la grandeza de este jugador, que sin duda es un ejemplo a seguir no solo para los futbolistas sino para cualquier deportista en el mundo. Dejo claro eso sí, para que no aparezcan los críticos que no conciben el ser fanático de un equipo del extranjero, que soy un colombiano hincha solo de mi selección y del Cúcuta Deportivo. 

Como olvidar tantas veces que lo sufrí, en la época de 'Pep' en la que le pintaron la cara más de una vez al cuadro 'merengue'. Imposible sacar de la memoria aquel doloroso gol, en pleno Santiago Bernabéu, con el que el equipo 'blaugrana' pasó a ganar 2-1 ese clásico que terminó con una terrible y vergonzosa derrota 2-6 en pleno estadio madrileño. 

Pero no solo tengo recuerdos de Puyol en plena acción de juego. Le vi gestos impresionantes, de caballero y gran persona, que pocos tienen en el fútbol actual. Entre otros, están el regaño a Piqué, por ir a mostrarle un encendedor que lanzaron desde la tribuna al árbitro en un clásico caliente; el gran gesto con Eric Abidal, al permitirle alzar la Copa de Europa luego de una penosa enfermedad que padeció el defensor francés y el regaño a Thiago y Dani Alves por hacer un ridículo baile en una celebración de un gol. 

Confieso que en esa época de 'Pep', en la que el Real Madrid no le veía una al Barça, no podía verle la cara a muchos jugadores del Barcelona porque se me revolvía el estomago. La verdad, aunque ese equipo era el mejor del mundo, sin duda, y quizás de los mejores de la historia, no los soportaba a ninguno de Guardiola para abajo. Más en la época de Mourinho, a quien admiro profundamente, que llegó como salvador y poco pudo hacer por evitar la supremacía del equipo 'catalán'. 

Pero con Puyol siempre fue diferente. Siempre lo vi como un jugador de clase mundial, como un crack y, sobre todo, como un caballero de esos que quedan pocos en la actualidad. La verdad, puedo decir que 'Puyi' es de mis defensores preferidos de la historia del fútbol. Y eso que es Culé...

Su fútbol, inigualable por donde se le miré, no fue lo único que caracterizó a Carles. Su estado físico, absurdo, dio demasiado de que hablar. 'Tarzan', como lo llaman cariñosamente en el mundo del fútbol, tuvo más de 35 lesiones a lo largo de su carrera, incluyendo 4 de rodilla, y nunca se quejó. Al revés, siempre trabajó más y más hasta que llegó el día en que su cuerpo no resistió tanto desgaste en un juego  y una Liga de tan alto nivel. 

En fin. Podría durar días enteros escribiendo sobre el único jugador del Barcelona al que he admirado de tal manera. Ni siquiera Ronaldinho, que al igual que Puyol es imposible de no querer, me movió tanto el sentimiento futbolero. 

Como dijo Ronaldo, el exjugador brasileño del Barcelona y Real Madrid, "Puyol es un ejemplo, hace del fútbol un deporte limpio". 

Camisas de mi colección que vistió Puyol

Aunque ninguna tiene número y son compradas en tiendas, todas estas fueron parte de la historia del capitán del Barça. La meta ahora, es conseguirle el set de nombre y número de Puyol y mandarla a estampar para guardarla para la posteridad. Ya los tengo vistos en páginas donde venden números oficiales del pasado. 

Barcelona 2001/02


Barcelona 2005/06


Selección España Segundo Semestre del 2010 


Selección España 2012





martes, 4 de marzo de 2014

Café-Bar El Banderín

Me perdonarán el desorden con los espacios entre párrafo y párrafo, pero Blogger me vuelve loco. Luego de dos horas intentándolo no lo logré cuadrar.

Esta es la dirección del lugar en Buenos Aires. Guardia Vieja 3601, esquina con la calle Billinghurst. 



Este trabajó lo hice para el Diario La Opinión de Cúcuta, en Buenos Aires, al año pasado, cuando fui a cubrir el partido Argentina-Colombia, de las eliminatorias a Brasil 2014. Las fotos son todas de mi propiedad.

El Café-Bar El Banderín, ubicado en la intersección de las calles Billinghurst y Barrio Viejo, en el barrio Almagro, en Buenos Aires, es un lugar que habla por sí solo. 



Fundado por Don Justo Riesco, un antiquísimo portón de madera abre el local a un mundo que gira alrededor de una pelota: ‘La Pecosa’. De sus paredes, como en cualquier casa familiar,  cuelgan cientos de recuerdos de más de 90 años de historia. Abierto en 1923, en una clásica casa bonaerense, el negocio comenzó en realidad siendo bar por una entrada y tienda de barrio por otra.
Llamado El Asturiano, funcionó con ese nombre hasta principios de los sesentas, cuando pasó a llamarse El Banderín. Don Justo, cansado de laborar, le dio paso a su hijo Mario, para que lo atendiera y se pusiera al tanto del negocio.
Mario, quien no quería seguir estudiando, comenzó así su trabajo. La creciente clientela de hinchas de fútbol hizo que el lugar se convirtiera pronto en epicentro de tertulias alrededor del deporte más hermoso del mundo. Souvenirs de equipos, en especial banderines, terminaron por darle la identidad futbolística que hoy tiene el negocio, el mismo que nunca estuvo pensado paras ser el obligado refugio de aficionados que es hoy.
Los primeros banderines fueron enviados por amigos de Mario emigrados al Viejo Continente, específicamente a Austria y España. Con el paso de los años esto se volvió una costumbre y el café-bar comenzó a recibir regalos de todas partes del globo terráqueo.
Medio siglo después, en las cuatro esquinas de esta tradicional casa porteña, cuelgan más de 500 banderines. Otros 600 están guardados para facilitar una rotación que hace imposible que un equipo repita el honor de ser exhibido en las paredes de este café-bar.
Silvio (Es el que se ríe a mano izquierda en la foto que viene), quien atiende el lugar hoy en día, es el nieto de Justo. Mario, su padre y quien lo administró hasta su retiro por recientes problemas de salud, fue quien lo saturó con tanto fútbol. Por tal razón, su hijo Silvio no es tan fanático como podían ser su padre o su abuelo, que daban la vida por River Plate. Su sueño, es que su hijo sea quien se quede con el lugar, lo que daría paso a una cuarta generación de propietarios. 





Pero más que un café, un bar o un negocio comercial, El Banderín es una tradición familiar, un punto de encuentro para viejos conocidos, una caja de recuerdos, un lugar donde no se juega fútbol, pero donde se vive, se siente, se respira.


Piezas de colección

Cuando le pedí el favor a Silvio de que me mostrara los mejores banderines, él, muy atento y orgulloso de la costumbre familiar, salió de la barra y dedicó unos minutos de su trabajo para contarme las historias que más recuerda, pues a pesar de que sabe muchos detalles sobre el lugar, hay cosas que no tiene en su mente.

Para empezar, me enseñó los banderines austriacos que le mandó el amigo de su padre. No son muy conocidos, es verdad, como sí lo son los que me mostró exhibidos en dos cuadros, cada uno con 6 banderines de la Liga española, entre los cuales están el Atlético de Madrid, Barcelona, Zaragoza, Elche, Espanyol, Celta y Athletic de Bilbao.

“Debés ser colombiano ché, vení”, me dice al reconocer mi acento extranjero, para luego mostrarme los banderines del Cali, Junior, Millonarios, América, Nacional, Pasto Medellín, Sporting de Barranquilla, Bucaramanga, Cali y Once Caldas, pero no el del Cúcuta Deportivo, el gran ausente de su colección.




Se lo quise prometer, pero en mi vida he visto pocos. Los pocos que hay, obviamente de colección, no se venden ni se cambian. Los de los equipos de Colombia le fueron enviados por un colombiano que estuvo en su café hace algún tiempo.

También me mostró los más raros. Uno, es de un equipo de Israel. Los otros dos más curiosos, son unos de Boca y River que le enviaron desde Rusia, hechos en ese idioma. Lo particular de esta colección, es que ningún banderín de los que está exhibido fue comprado. Todos son productos oficiales que han llegado provenientes de los clubes.




Cinco camisetas en la esquina del bar

“La de Claudio Pol Caniggia, del mundial USA 94. Con esta puesta, anotó un gol a Nigeria. “El Cani se la trajo a mi papá. Está firmada con dedicatoria. No te imaginás la locura de mi viejo”, dice orgulloso Silvio.

La Quilmes de River Plate se la hizo llegar el equipo campeón de River, en 1999. Está firmada por todos los jugadores y dice “De El último campeón del siglo... Para El Banderín”.

La Peugeot de River Plate. Esta tiene historia. Es la camiseta que usó Daniel Alberto Passarella en el penúltimo partido que jugó con el equipo millonario. “El ídolo de mi viejo era Daniel. Él se acercó y le trajo este recuerdo firmado y con una pequeña leyenda que dice Para Mario, con éxitos: Daniel Alberto Pasarella 08/10/09. No creés lo que eso fue en mi casa”.
La de Boca, de Philippe, dice Silvio, “es un simple recuerdo”. Un jugador de equipo xeneize, que solo jugó unos partidos y se fue, la trajo firmada por varios jugadores. Luego, fue a Huracán, a Suiza y se perdió en el fútbol.
Siguen y seguirán llegando recuerdos


La idea, es que el lugar continúe de generación en generación. Al fin y al cabo, Don Justo, antes de morir en 1991, firmó documentos para que la cuadra donde está el lugar no pueda ser alterada por la construcción de edificios.
Los banderines y recuerdos seguirán llegando y el éxito del negocio está garantizado. Después de 90 años en el mercado, es un referente de los cafés de la ciudad.

Ahora, todo depende de Agustín, bisnieto de Justo. Hoy en día tiene 13 años y ya piensa con quedarse con el lugar. “Lo más seguro es que eso siga por siempre. Es un orgullo de la familia, del barrio”, concluye Silvio.










El camino es largo

El Cúcuta Deportivo sumó, frente al Real Cartagena, su tercera victoria consecutiva en el Torneo Postobón. En siete fechas jugadas, el cuadro dirigido por Héctor Estrada lleva 10 puntos y está situado en la novena casilla de la tabla de posiciones. 

Luego de un arranque nefasto, en el que solo sumó una unidad en cuatro partidos, el equipo se sacudió, empezó a ganar y a mostrar un cambio radical comparado con el arranque del campeonato. 

Lo que más nos alegró a los hinchas rojinegros no fueron los tres puntos, sino los destellos de buen fútbol mostrados a ratos por el conjunto motilón. Aunque se cometieron errores en defensa, que deberán corregirse lo más pronto posible, el once fronterizo mostró que, con sacrificio, trabajo y mucha dedicación, tendrá con qué pelear un cupo en la A para el año 2015. 


Foto tomada de Internet

Como siempre digo, y como lo dije en las fechas en las que Cúcuta no sumaba, con estos triunfos no debemos creernos los mejores, así como con las derrotas no debemos sentirnos los peores. 

El fútbol, y en especial este Torneo Postobón, es muy cambiante y el resultado que vale es el de la final en el último mes del año. Por lo tanto, hay que ser prudentes a la hora de ser triunfalistas o negativos con el equipo.

Recuerdo el año pasado, cuando por esta fecha éramos líderes invictos del campeonato con seis partidos jugados y todos nos ilusionabamos con el título. A partir de la fecha 7, en la que Cúcuta perdió con Millonarios 2-1 en Bogotá, todo se derrumbó y empezó el declive que nos llevó a la segunda categoría o como lo llamamos en Colombia al nefasto y temible infierno de la B.

Con esto, solo quiero demostrar que el torneo es largo y que aun falta mucho por recorrer, por lo que directivos, jugadores, cuerpo técnico e hinchas debemos ser cautelosos a la hora de festejar para no volvernos a estrellar como nos ha pasado tanto en los últimos años.

Claro, todos podemos celebrar a rabiar (yo también lo hice). Pero a partir de hoy, solo hay que pasar la página y pensar en lo que viene. El 3-1 al Cartagena ya es historia, de eso no hay duda.

Ahora, la obligación de los jugadores será mantener el nivel de juego. Y la de los hinchas, llenar el General Santander en los dos partidos consecutivos que tenemos de local y demostrarle al equipo que todos estamos ilusionados y dispuestos a dejar la vida, cada cual desde su parte, para conseguir el anhelado regreso a la categoría de privilegio del fútbol profesional colombiano.